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Segundo libro del yo : averiguaciones y reincidencias / Juan Fernández Figueroa.

Por: Idioma: Español Series Coleccion Creacion Literaria ; 8Editor: Madrid : Encuentro, 1984Descripción: 160 páginas. ; 18 cmTipo de contenido:
Tipo de medio:
Tipo de soporte:
ISBN:
  • 8474901030
Tema(s): Clasificación CDD:
  • 808
Resumen: Juan Fernández Figueroa, que no pertenece a los ciudadanos y aldeanos populares ---aunque repita a cada rato: Yo soy de pueblo, y haya publicado con el título de Mi pueblo un pequeño libro admirable---, es uno de los pocos «santos» intelectuales del proceso histórico, económico y político de España. Lo es por su amor al prójimo, que lo aproxima siempre a los más desamparados, a los reiterados ---esperemos que no eternos--- perdedores. Lo es por la santa tenacidad de su conducta, porque el monólogo de su yo se hace diálogo con el hombre que siempre lo acompaña y que le enseñó, como a Machado, el «secreto de la filantropía». En resumidas cuentas, Juan Fernández Figueroa es más que un escritor, porque cumple, con su vida, las palabras que su pluma escribe. Por eso, aunque él dude del valor propio (poético) de sus dichos, está seguro de sus hechos, y puede afirmar, sin jactancia: «no sé si soy el que imagino ser, pero sí el que debo ser». Conozco pocos hombres que tengan derecho a decir lo mismo. Fragmento del Prólogo de Guido Castillo
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Libro Libro Seminario Conciliar General 808 C254 No.8 (Navegar estantería(Abre debajo)) Ej.1 Disponible 14901

Juan Fernández Figueroa, que no pertenece a los ciudadanos y aldeanos populares ---aunque repita a cada rato: Yo soy de pueblo, y haya publicado con el título de Mi pueblo un pequeño libro admirable---, es uno de los pocos «santos» intelectuales del proceso histórico, económico y político de España. Lo es por su amor al prójimo, que lo aproxima siempre a los más desamparados, a los reiterados ---esperemos que no eternos--- perdedores. Lo es por la santa tenacidad de su conducta, porque el monólogo de su yo se hace diálogo con el hombre que siempre lo acompaña y que le enseñó, como a Machado, el «secreto de la filantropía». En resumidas cuentas, Juan Fernández Figueroa es más que un escritor, porque cumple, con su vida, las palabras que su pluma escribe. Por eso, aunque él dude del valor propio (poético) de sus dichos, está seguro de sus hechos, y puede afirmar, sin jactancia: «no sé si soy el que imagino ser, pero sí el que debo ser». Conozco pocos hombres que tengan derecho a decir lo mismo.
Fragmento del Prólogo de Guido Castillo

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