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Calibán y la prensa de opinión Luis Carlos Adames: prólogo Hernando Santos Calderón; editor Gustavo Mauricio García Arenas

Por: Colaborador(es): Idioma: Español Editor: Bogotá Círculo de Lectores 1997Descripción: 271 páginas 23 cm Fotografías a blanco y negroTipo de contenido:
Tipo de medio:
Tipo de soporte:
ISBN:
  • 9789582809249
Tema(s): Clasificación CDD:
  • 22 920.5 A215
Contenidos:
La razón de este libro.-- El periodismo político en Colombia.-- La obra periodística de Enrique Santos.-- Un liderazgo y dos conclusiones.-- Enrique Santos y su época.-- Calibán y su época.-- La "danza" final.-- Notas de Antología.-- La "Danza de los días".-- En el servicio público.-- Anecdotario.-- La muerte de un gigante
Resumen: Ejerció Calibán un periodismo trascendente sin trascendentalismo. Despojado de prejuicios, fue por igual un esforzado paladín de las ideas liberales como de las grandes causas del país. Su pluma hacía retemblar a los corruptos y reflexionar a los indecisos. Eran las suyas una dialéctica arrasadora, una voz autorizada por la razón, guía infalible de los altos intereses de la comunidad. Sus opiniones, ponderadas y sensatas, eran compartidas por la gran mayoría de sus lectores, y la fuerza intrínseca de sus argumentos era la mejor coraza contra las divergencias ideológicas de sus contradictores que lo atacaban en veces con desembozada acerbía, sin que ninguna de tales posturas alcanzara a manchar la limpieza de sus armas ni a anidar resquemores en su espíritu. Por eso se le respetaba, inclusive desde el campo opuesto. Alternando con los mejores escritores públicos de la época, Calibán tenía ganado por derecho propio un amplio espacio en la opinión de los colombianos. Eran proverbiales lo mismo la claridad de su estilo como la integridad de su conducta, la entereza de su carácter, su desprendimiento y generosidad. Siempre se habló de la dificultad para interpretar sus enredados originales y sus características expresiones. No lo era tanto. Quienes tuvimos el privilegio de iniciarnos en la práctica de revisar por más de 20 años sus notas periódicas en el proceso de la composición editorial, llegamos a hacerlo sin mayor dificultad y a conocer con fidelidad su contenido en minuciosa y respetuosa labor de hermenéutica. El periodista, decía, puede equivocarse, y de hecho se equivoca muchas veces. Lo importante es que lo haga de balde .
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Existencias
Tipo de ítem Biblioteca actual Signatura topográfica Copia número Estado Código de barras
Libro Libro Seminario Conciliar General 920.5 A215 (Navegar estantería(Abre debajo)) Ej.1 Disponible 91011445

Incluye bibliografía (p.251-254) e índice

La razón de este libro.-- El periodismo político en Colombia.-- La obra periodística de Enrique Santos.-- Un liderazgo y dos conclusiones.-- Enrique Santos y su época.-- Calibán y su época.-- La "danza" final.-- Notas de Antología.-- La "Danza de los días".-- En el servicio público.-- Anecdotario.-- La muerte de un gigante

Ejerció Calibán un periodismo trascendente sin trascendentalismo. Despojado de prejuicios, fue por igual un esforzado paladín de las ideas liberales como de las grandes causas del país. Su pluma hacía retemblar a los corruptos y reflexionar a los indecisos. Eran las suyas una dialéctica arrasadora, una voz autorizada por la razón, guía infalible de los altos intereses de la comunidad. Sus opiniones, ponderadas y sensatas, eran compartidas por la gran mayoría de sus lectores, y la fuerza intrínseca de sus argumentos era la mejor coraza contra las divergencias ideológicas de sus contradictores que lo atacaban en veces con desembozada acerbía, sin que ninguna de tales posturas alcanzara a manchar la limpieza de sus armas ni a anidar resquemores en su espíritu. Por eso se le respetaba, inclusive desde el campo opuesto.

Alternando con los mejores escritores públicos de la época, Calibán tenía ganado por derecho propio un amplio espacio en la opinión de los colombianos. Eran proverbiales lo mismo la claridad de su estilo como la integridad de su conducta, la entereza de su carácter, su desprendimiento y generosidad. Siempre se habló de la dificultad para interpretar sus enredados originales y sus características expresiones. No lo era tanto. Quienes tuvimos el privilegio de iniciarnos en la práctica de revisar por más de 20 años sus notas periódicas en el proceso de la composición editorial, llegamos a hacerlo sin mayor dificultad y a conocer con fidelidad su contenido en minuciosa y respetuosa labor de hermenéutica. El periodista, decía, puede equivocarse, y de hecho se equivoca muchas veces. Lo importante es que lo haga de balde .

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