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El único Cristo. La sinfonía diferida Christian Duquoc; traducción Milagros Amandor Mier

Por: Colaborador(es): Idioma: Español Lenguaje original: Francés Series Colección Presencia Teológica ; No.136Editor: Santander Sal Terrae 2005Descripción: 255 páginas 21 cmTipo de contenido:
Tipo de medio:
Tipo de soporte:
ISBN:
  • 9788429315738
Tema(s): Clasificación CDD:
  • 230 C673 No.136 22 C673 No.136
Contenidos:
La escisión.-- Las religiones en fragmentos.-- La esperanza velada.-- La división fecunda
Revisión: La duda nos asalta. El gran fresco crístico de un proyecto común capaz de unificar la historia humana y el devenir cósmico, reconciliar al judaísmo y al cristianismo, llevando a buen término la convergencia de las religiones, parece ilusorio. Jesús, arrebatado por Dios a la muerte, no ha hecho realidad el sueño profético evocado en los himnos de las epístolas de la cautividad. El don de su Espíritu no ha eliminado las fracturas, de modo que las divisiones siguen activas y degeneran a menudo en hostilidad. ¿Acaso debemos desterrar de nuestro mundo la utopía de la unidad? Pero lo cierto es que dicha utopía es lo que mueve al ecumenismo, incita al debate con el judaísmo y acelera el diálogo interreligioso: no es, pues, algo inerte. ¿Habrá que renunciar al sentido global de la historia, que, de hecho, ha dinamizado la cultura occidental, demostrando su importancia? ¿Habrá que abandonar la intuición de una dirección única de la evolución universal? ¿No será la utopía de la unidad más que belleza vana o ficción necesaria para conjurar la desesperanza? ¿Es razonable, en este mundo de dispersión y violencia, reconocerle a Cristo resucitado la voluntad de unificar lo que no deja de fragmentarse? ¿No significará eso atribuirle un deseo prematuro? Hay otro camino posible: asumir de manera positiva la división. Si los fragmentos que constituyen nuestro mundo fueran eliminados, la unidad sería cruel y totalitaria, pues no permitiría reconocer la libre singularidad de éstos ni explotar su riqueza. El cristiano cree en la ejecución de una sinfonía final cuya partitura ignora, aunque sospecha que aún no ha sido escrita. Pero algunos indicios permiten adivinar su grandiosidad.
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Tipo de ítem Biblioteca actual Signatura topográfica Copia número Estado Código de barras
Libro Libro Seminario Conciliar General 230 C673 No.136 (Navegar estantería(Abre debajo)) Ej.2 Disponible 21709
Libro Libro Seminario Conciliar General 230 C673 No.136 (Navegar estantería(Abre debajo)) Ej.1 Disponible 18226

La escisión.-- Las religiones en fragmentos.-- La esperanza velada.-- La división fecunda

La duda nos asalta. El gran fresco crístico de un proyecto común capaz de unificar la historia humana y el devenir cósmico, reconciliar al judaísmo y al cristianismo, llevando a buen término la convergencia de las religiones, parece ilusorio. Jesús, arrebatado por Dios a la muerte, no ha hecho realidad el sueño profético evocado en los himnos de las epístolas de la cautividad. El don de su Espíritu no ha eliminado las fracturas, de modo que las divisiones siguen activas y degeneran a menudo en hostilidad.

¿Acaso debemos desterrar de nuestro mundo la utopía de la unidad? Pero lo cierto es que dicha utopía es lo que mueve al ecumenismo, incita al debate con el judaísmo y acelera el diálogo interreligioso: no es, pues, algo inerte. ¿Habrá que renunciar al sentido global de la historia, que, de hecho, ha dinamizado la cultura occidental, demostrando su importancia? ¿Habrá que abandonar la intuición de una dirección única de la evolución universal? ¿No será la utopía de la unidad más que belleza vana o ficción necesaria para conjurar la desesperanza? ¿Es razonable, en este mundo de dispersión y violencia, reconocerle a Cristo resucitado la voluntad de unificar lo que no deja de fragmentarse? ¿No significará eso atribuirle un deseo prematuro? Hay otro camino posible: asumir de manera positiva la división. Si los fragmentos que constituyen nuestro mundo fueran eliminados, la unidad sería cruel y totalitaria, pues no permitiría reconocer la libre singularidad de éstos ni explotar su riqueza. El cristiano cree en la ejecución de una sinfonía final cuya partitura ignora, aunque sospecha que aún no ha sido escrita. Pero algunos indicios permiten adivinar su grandiosidad.

Título del original en francés: L'unique Christs. La symphonie differee

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