Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño. Prospectiva del discurso eclesiológico de Monseñor Romero y su aporte a la Iglesia Latinoamericana en salida

Rozo Rivera, John Harold

Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño. Prospectiva del discurso eclesiológico de Monseñor Romero y su aporte a la Iglesia Latinoamericana en salida John Harold Rozo Rivera - 300 páginas 24 cm - Colección Monografías y Tesis No.40 .

Incluye referencias bibliográficas (p.283-298) e índice

Capítulo 1: Oscar Arnulfo Romero: en la convulcionada América del Siglo XX.-- El estado del siglo XX en América Latina: una herencia excluyente de la Independencia.-- América Latina: imitación, subyugación y exclusión.-- La Iglesia en América Latina: de institución pionera a antagonista tras bambalinas.-- La Iglesia Latinoamericana: de institución tras bambalinas a actor continental.-- Concilio Vaticano II: Iglesia Latinoamericana universal, colegiada y concertada.-- Capítulo 2: Romero: en el Pulgarcito de América.-- El salvador: de la vieja institucionalidad al Estado subyugador de los cafecitos con leche.-- La élite cívico-militar salvadoreña: símbolo de un Estado subyugador, excluyente y violento.-- Del imaginario de una economía boyante al clamor de la dignidad de los cafecitos con leche.-- Coyuntura de la Iglesia Salvadoreña: de la Colonia a los albores del siglo XX.-- De una Iglesia Salvadoreña con sentido social a una eclesiología denunciante y transformadora.-- Oscar Arnulfo Romero y Galdámez: de El Salvador a Roma.-- El Clérigo formado en Roma.-- El sacerdote que conoce su pueblo.-- Capítulo 3: Romero: (com)pasión por su Iglesia.-- Monseñor Romero: príncipe de la Iglesia.-- El sacerdote carrerista que interpretó e hizo suyo el Concilio Vaticano II.-- Romero: el carrerista que se confrontó con el Concilio Vaticano II.-- Pablo VI frente al papel de la Iglesia y su función social.-- Seguir el paso de los cambios en la Iglesia: Romero empieza a chocar.-- Romero: aquel que pondera el liberacionismo de Medellín.-- Capítulo 4: Romero: servicio interpelante e iluminador de la Iglesia, un Magisterio Pastoral en cartas.-- Romero: de báculo a mitra, con la gente de a pie, un obispo en salida.-- Romero: compromiso pastoral con la jerarquía y la Iglesia de Comunión.-- La comunicación de la comunión de la gracia.-- La comunicación de la comunión de la verdad.-- La comunicación de la comunión jerárquica.-- La Iglesia de la Pascua: Romero en la desolación de su propio huerto de los olivos.-- La Pascua, origen y contenido de la Iglesia.-- La iglesia, sacramento e instrumento de la Pascua.-- El mundo, destinatario de la verdad y la gracia de la Pascua.-- La Iglesia Cuerpo de Cristo en la historia: ser como el menor, servir en vez de ser servido.-- Misión actual de la Iglesia.-- La Iglesia, cuerpo de Cristo en la historia.-- La Arquidiócesis del Divino Salvador.-- La Iglesia y las Organizaciones Políticas populares: fe y compromiso político.-- Situación de las organizaciones populares.-- Relaciones entre la Iglesia y las organizaciones populares.-- Juicio de la Iglesia ante la violencia.-- Misión de la Iglesia en medio de la crisis del país: una fe profética.-- La crisis del país a la luz de Puebla.-- Contribución de la Iglesia al proceso de liberación de nuestro pueblo.-- Iluminación de algunos problemas especiales.-- La línea pastoral de Puebla en la arquidiócesis.-- La Eclesiología de Monseñor Romero: Palabra viva en una Iglesia en salida en América Latina

“Como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección: Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”. - Arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, marzo 1980.

Pocos días después de que el Monseñor Óscar Romero pronunció estas palabras, un miembro de la Policía Nacional salvadoreño logró matarlo – en el altar, en medio de la misa. El pasado martes 3 de febrero, se avanzó hacia un reconocimiento oficial de la Iglesia Católica de uno de los líderes más grandes de América Latina en la lucha por los derechos y la dignidad de las personas pobres.

Cuando el Papa Francisco dictaminó el 3 de febrero que Romero fue un mártir – alguien asesinado por su fe católica – esto abrió la puerta para la beatificación de Romero, a través de un acto que podría llevarse a cabo en San Salvador en cuestión de meses.

Muchas noticieras, entre ellas TeleSUR, han compartido de manera competente detalles y hechos más destacados sobre el anuncio del Papa. Así podríamos proceder rápidamente a una mirada más profunda al personaje de Romero y el pueblo que lo formó.

¿Quién fue Óscar Arnulfo Romero? ¿Qué fue lo que le transformó de un simple sacerdote adherente al status quo, en el profeta audaz que denunció el comportamiento de las élites nacionales e internacionales y exigió una opción preferencial por los pobres?

La vida y la voz de Romero se forjaron a través del contacto con el sufrimiento – y las poderosas formas de organización – de “los hermanos más pequeños” en El Salvador. Estudiar la forma en que los y las dirigentes se desarrollan, es parte integral de la construcción de un movimiento social para erradicar la pobreza en la actualidad.

Romero, un escéptico de teología de la liberación

Respondiendo a las exigencias de sus rebaños, los dirigentes católicos de América Latina en la década de 1950 comenzaron a abogar por un enfoque más social para la iglesia. En respuesta a la desigualdad profunda y la pobreza extrema exacerbadas por la industrialización y las dictaduras tiránicas, propusieron un nuevo papel para la Iglesia Católica.

Dirigentes laicos locales y los grupos que llegarían a llamarse Comunidades Eclesiales de Base, llamaron a la iglesia a interesarse por los pobres y animaron a los sacerdotes a iniciar programas sociales promoviendo la dignidad de las mayorías. Este movimiento, llamado teología de la liberación, fue tan popular que cuando los obispos se reunieron en el Segundo Concilio Vaticano, del 1962 al 1965, en un nuevo espíritu de apertura, alentaron una perspectiva más crítica sobre la posición social de la iglesia.

En 1968, en la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, la teología de la liberación fue endosada y una nueva generación de sacerdotes y hermanas expresaron sus preocupaciones y críticas del papel de la iglesia en la sociedad, promoviendo una nueva iniciativa pastoral de la Iglesia Católica en América Latina.

La filosofía de la teología de la liberación fue explicada más definitivamente en 1971 por el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez en su libro, Teología de la liberación: Perspectivas. Informado por el crecimiento de los movimientos y los debates en toda América Latina, Gutiérrez responde a interrogativas planteadas tanto por teólogos como activistas: “¿Qué significa el amor cristiano en una sociedad de clases? ¿Cómo definir la misión de la iglesia? ¿Qué significa decir, ‘Bienaventurados los pobres’ en el contexto actual?”

Las principales conclusiones de Gutiérrez, muestran un rechazo a las llamadas prácticas de desarrollo que llevaron a la dependencia en América Latina. Además, destaca la pobreza como pecado social, en lugar de centrarse en pecados individuales.

Mientras tanto en El Salvador a finales de los 1970, el 60 por ciento de la tierra en un país agrícola pertenecía a un 2 por ciento de la población, y el país estaba en penúltimo lugar en América Latina en ingreso per cápita. La oligarquía nacional usaba el apoyo del gobierno estadounidense para equipar escuadrones de la muerte para ganar brutal ventaja en lo que la Organización Internacional del Trabajo llamaba “la explosión abierta del antagonismo de clase entre los trabajadores agrícolas y los terratenientes” (citado en Dickson).

Fue en este contexto que Romero estudiaba las Escrituras, predicaba, y ganaba importancia en la iglesia de El Salvador. Durante la gran mayoría de su vida adulta, a pesar del surgimiento de la teología de la liberación, no fue conmovido a alinearse con los pobres. Desde el 1942 cuando fue ordenado hasta pocos años antes de su asesinato en el 1980, en gran medida ignoraba los gritos y demandas de su pueblo. No fue, pues, su exégesis bíblica que le llevó a una revolución de valores personales. Esto se produjo a través de los encuentros cara a cara con la injusticia y con mayor contacto con los movimientos emergentes de los pobres en El Salvador.

Una transformación impulsada por las personas pobres

En 1977 Oscar Romero fue trasladado al campo salvadoreño para servir de obispo de la diócesis rural de Santiago de María. Los tres años que pasó junto al pueblo, presenciando tanto su sufrimiento como su inteligencia colectiva, impactó significativamente en sus actitudes sobre el papel de la Iglesia. Por otra parte, el asesinato de su íntimo amigo, el padre Rutilio Grande, un sacerdote jesuita, marcó un punto de inflexión en la perspectiva y las lealtades de Romero.

Cuando fue nombrado arzobispo de San Salvador en 1977, todavía no había hecho mucho para poner en duda su reputación como aliado de la oligarquía, escéptico del Concilio Vaticano II y las tendencias progresistas de la Iglesia en América Latina. Su nombramiento fue bien recibido por el gobierno salvadoreño, que esperaba que mantuviera el status quo, y fue una decepción para los progresistas religiosos.

Por lo tanto, fue una sorpresa para muchas personas que poco después de su nombramiento, Romero se volteó abiertamente en contra de la injusticia, la pobreza, la corrupción, y la violencia que amenazaba su pueblo. Se estaba viviendo el comienzo de la guerra civil que llegaría a quitarle la vida a más de 75 mil salvadoreños y salvadoreñas.

Multitudes se reunían para oírle predicar en la catedral, más las personas que escuchaban sus homilías a través de la emisora de la arquidiócesis. Según John Dickson, transmisiones de sus sermones dominicales alcanzaron el 73 por ciento de la población rural en El Salvador y el 47 por ciento en las zonas urbanas, así como oyentes por toda Guatemala, Honduras y Nicaragua.

9789587814521


Romero y Galdámez, Oscar Arnulfo, santo, 1917-1980--Crítica e Interpretación


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201.1 / C597 No.40